Almas muertas
Almas muertas —Ya lo hice —repuso Petrushka, pero era falso.
El propio señor sabÃa muy bien que estaba mintiendo, pero no sentÃa deseos de discutir. Estaba en extremo fatigado después del viaje. Pidió que le sirvieran una cena muy ligera, solamente cochinillo, y enseguida se desnudó, se metió bajo las sábanas y quedó profundamente dormido, como un tronco, como sólo son capaces de hacerlo los felices mortales que desconocen lo que son las hemorroides y las chinches, y que no están dotados de una capacidad intelectual demasiado elevada.