Almas muertas
Almas muertas Al fin llegaron a la meta. El carruaje se paró frente a un edificio de madera de una sola planta, pintado de color gris oscuro con adornos de marquetería en las ventanas, y elevada cerca delante de ellas, con un pequeño jardín donde crecían unos raquíticos arbolillos a los que el polvo de la ciudad había terminado dando un tono blanco. En las ventanas se veían macetas con flores, un loro columpiándose en su jaula, que se agarraba con el pico a la anilla, y dos perritos que estaban durmiendo al sol.