Almas muertas
Almas muertas —El muy sinvergüenza roba, entra a saco en el Tesoro, ¡y aún quiere una recompensa! Afirma que no es posible trabajar sin un estÃmulo… ¡Ja, ja, ja!
Una expresión dolorosa apareció en la noble y agradable cara de la joven.
—No comprendo cómo eres capaz de reÃrte, papá. Esas acciones tan poco nobles no me producen más que pesadumbre. Cuando veo que hay personas que engañan ante los mismos ojos de todos y que no son castigadas con el desprecio general, no sé lo que me ocurre, me pongo mala. Pienso, pienso… —y poco faltó para que rompiera a llorar.
—No te enojes con nosotros, por favor —dijo el general—. Nosotros no tenemos ninguna culpa. ¿No es verdad? —y aquà se volvió hacia Chichikov—. Dame un beso y márchate a tus aposentos. Voy a vestirme para la comida. Porque tú —agregó mirando a los ojos a Chichikov— supongo que te quedarás a comer con nosotros, ¿no es as�
—Si Su Excelencia…
—Sin cumplidos, ¿a qué viene todo esto? A Dios gracias, aún puedo invitar a comer. Tenemos sopa de coles.