Diario de un loco
Diario de un loco Ella me dio las gracias y sus labios esbozaron una sonrisa un tanto irónica; luego se fue. Yo me quedé una hora hasta que el criado vino y me dijo:
-Márchese a casa, Aksenti Ivanovich. El señor ya salió.
No puedo soportar a los criados; siempre están tumbados en el vestÃbulo, y ni por casualidad saludan a uno. Y no sólo eso, sino que un dÃa, a una de estas bestias se le ocurrió ofrecerme un poco de tabaco sin levantarse de su sitio. ¡Como si no supiera el muy tonto que yo soy un funcionario de familia noble! No obstante, cogà yo mismo mi sombrero y mi capote y me los puse, pues serÃa inútil esperar ayuda de esa gente. Salà a la calle. Al llegar a casa me pasé un buen rato tumbado en la cama. Después copié unos versos muy bonitos:
¡Mi almita! En tu ausencia, una hora, un año completo parece pasado sin ti. ¡Odiosa es la vida, ya solo, señora! Por eso yo pienso: "Si tú no vinieses, mejor es morir"
Deben de ser de Pushkin. Por la tarde, arropándome bien con mi capote, fui a casa de su excelencia, en donde estuve esperando para ver si la veÃa salir al subir en coche; pero ella no salió.