Historias de San Petersburgo
Historias de San Petersburgo No considero superfluo hacer conocer al lector más estrechamente a Schiller. Era éste un verdadero alemán, en todo el sentido de la palabra. Ya a los veinte años, en aquella dichosa edad en que el ruso vive como le viene en gana, habÃa Schiller organizado su vida entera sin apartarse en ningún momento de aquel modo de vivir. Decidió levantarse a las siete de la mañana, comer a las dos, ser exacto en todo y emborracharse cada domingo. Decidió en el transcurso de diez años hacerse un capital de 50,000 rublos, y su decisión era tan firme y tan invencible como el destino mismo. Antes podrÃa olvidarse un funcionario de dar la consabida vuelta por la porterÃa de su superior, que un alemán faltar a su palabra.