Historias de San Petersburgo
Historias de San Petersburgo Imagina usted que el señor que pasea vestido de levita tan maravillosamente hecha es muy rico... Pues nada de eso. Ese señor se compone sólo de su levita. Usted imagina que aquellas dos gordinflonas detenidas ante una iglesia están apreciando su arquitectura... Nada de eso. Hablan de la manera extraña con que dos cuervos se sentaron uno frente a otro. A usted se le figura que aquel entusiasta que gesticula está contando cómo su mujer tiró por la ventana una bolita a un oficial desconocido..., cuando de lo que está hablando es de La Fayette. Piensa usted que estas damas... Pero a las damas créalas usted lo menos posible. Contemple lo menos posible los escaparates de las tiendas. Las bagatelas expuestas en ellas son maravillosas, pero huelen a enorme cantidad de dinero..., y, sobre todo..., ¡Dios le guarde de mirar bajo los sombreritos de las damas!... Aunque a lo lejos vuele, atrayente, la capa de una bella..., por nada del mundo iré en pos de ésta a curiosear. Lejos..., por amor de Dios..., ¡más lejos del farol! Pase usted muy de prisa, lo más de prisa que pueda, delante de él. Tendrá usted suerte si lo único que le ocurre es que le caiga una mancha de aceite maloliente sobre su elegante levita. Pero no es sólo el farol lo que respira engaño.