Las Veladas de Dikanka

Las Veladas de Dikanka

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En ese momento el carro empezó a descender por el puente, por lo que las últimas palabras resultaron inaudibles; pero el muchacho, por lo visto, no quería que las cosas quedaran así: sin pensárselo dos veces, cogió un puñado de barro y lo lanzó sobre la mujer. El golpe fue más certero de lo que pudiera esperarse: la cofia nueva de percal quedó toda manchada, y las risas de los bromistas se dejaron oír aún con mayor fuerza. La corpulenta coqueta rebosaba de ira; pero el carro se había alejado ya bastante, por lo que su venganza se vertió sobre su inocente hijastra y su indolente esposo que, acostumbrado ya a esa clase de escenas, guardaba un obstinado silencio y soportaba con resignación las turbulentas palabras de su airada esposa. No obstante, la mujer siguió moviendo y agitando su infatigable lengua hasta que llegaron al arrabal donde vivía su viejo amigo y compadre, el cosaco Tsibulia. El encuentro entre los compadres, que hacía tiempo que no se veían, permitió que los recién llegados se olvidaran por un momento del desagradable incidente, y despertó en ellos el deseo de hablar de la feria y disfrutar de un breve descanso después del largo camino.

II

¡Dios mío, la de cosas que había

en esa feria! Ruedas,

cristales, correas, brea, tabaco,

cebollas, toda clase de vendedores… Ni aun teniendo


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker