Las Veladas de Dikanka

Las Veladas de Dikanka

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

X

Es maravilloso contemplar el Dniéper en un día despejado, cuando sus aguas corren tranquilas y desembarazadas entre bosques y colinas. No se oye ni un ruido, ni un chapoteo. Al mirar su extensión majestuosa, no se sabe si ésta fluye o permanece inmóvil; se diría que es todo de vidrio, que un camino azul y cristalino, de una anchura inmensa y una longitud infinita, avanza y serpentea entre un mundo de verdura. Entonces el sol ardiente se complace en mirar desde las alturas y en hundir sus rayos en las frescas y cristalinas aguas. También los bosques ribereños se solazan reflejándose en las ondas. Con sus verdes guedejas y sus flores campestres se agolpan junto a las aguas, se inclinan para mirarse en ellas y, sin cansarse de admirar su clara imagen, le sonríen y le saludan agitando las ramas. Pero en el centro del Dniéper no se atreven a contemplarse: sólo el sol y el cielo azul hunden allí su mirada. Rara vez pasa un ave por el medio de su cauce. ¡Suntuoso río! ¡No hay otro igual en el mundo! Es maravilloso contemplarlo una tibia noche de verano, cuando todas las criaturas —hombres, bestias y aves— duermen; y sólo Dios dirige una mirada majestuosa sobre el cielo y la tierra y sacude con imponente gesto su casulla, sembrando el firmamento de estrellas, que brillan y relucen sobre el mundo y se reflejan todas juntas en el Dniéper. A todas las acoge el río en su oscuro seno. Ninguna se le escapa, a menos que se apague en el cielo. El negro bosque, repleto de cuervos dormidos, y las montañas, quebradas desde tiempos remotos, se inclinan sobre él, tratando de cubrirlo aunque sea con su larga sombra. ¡Pero es en vano! No hay nada en el mundo que pueda cubrir al Dniéper. Azul, profundamente azul, fluye con curso regular, siempre visible, tanto de día como de noche, desde tan lejos como alcanza a ver el ojo humano. Arrimándose y apretándose contra la orilla para protegerse del frío nocturno, deja correr por su superficie un hilo de plata, que refulge como la hoja de un sable damasquinado; luego, de nuevo azul, se queda dormido. ¡También es maravilloso entonces el Dniéper y no hay río en el mundo que lo iguale! Cuando las nubes azules se amontonan en el cielo, el negro bosque se estremece hasta las raíces, los robles crujen y el relámpago, quebrando las nubes, ilumina de repente el mundo entero, el Dniéper adquiere un aspecto terrible. Montañas de agua retumban, se golpean contra los riscos, retroceden entre gemidos y resplandores, lloran y sollozan en la lejanía. Así se lamenta la vieja madre del cosaco cuando su hijo parte para la guerra. Lleno de ebriedad y de arrojo, cabalga sobre su caballo moro, con los puños en las caderas y el gorro inclinado con gallardía sobre la nuca. La madre gime y corre tras él, se agarra del estribo, sujeta las riendas, se retuerce las manos y vierte ardientes lágrimas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker