Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka »Cuando Pietro murió, Dios llamó a las almas de los dos hermanos, Pietro e Iván, para juzgarlas. “Este hombre es un gran pecador”, dijo Dios. “¡Iván! No soy capaz de encontrar un castigo para él. ¡Elígelo tú mismo!”. Iván pasó un buen rato buscando un castigo adecuado y finalmente exclamó: “Este hombre me ha causado una gran ofensa: traicionó a su hermano como Judas y me privó de mi progenie y de mi descendencia. Y un hombre sin progenie ni descendencia es como un grano de trigo que se pierde en vano. Si el grano no brota, nadie sabrá jamás que allí fue arrojada una semilla”.
»“¡Dios mío, haz que toda su progenie no conozca la felicidad en la tierra! ¡Que el último de sus descendientes sea un criminal como jamás ha habido en el mundo! ¡Que a causa de sus crímenes sus abuelos y sus bisabuelos no encuentren la paz en sus sepulcros y, sufriendo tormentos insoportables, se levanten de sus tumbas! ¡Y que Judas Pietro no tenga fuerzas para levantarse y sus tormentos sean todavía más crueles; que coma tierra como un poseso y se retuerza en la tumba!”.