Las Veladas de Dikanka

Las Veladas de Dikanka

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

III. LA TEA

La tía Vasilisa Káshporovna tenía entonces cerca de cincuenta años. Nunca se había casado y solía decir que la vida de soltera era lo que más apreciaba en el mundo. No obstante, en lo que yo recuerdo, nadie había pedido nunca su mano. Ello se debía a que todos los hombres sentían en su presencia una especie de timidez y no se atrevían a declararse. «¡Vasilisa Káshporovna tiene mucho carácter!», decían los pretendientes, y tenían mucha razón, porque Vasilisa Káshporovna era capaz de bajarle los humos a cualquiera. A fuerza de tirarle del tupé con su mano viril, y sin usar ningún otro procedimiento extraño, había conseguido que el molinero, que hasta entonces había sido un borracho y una inutilidad, se convirtiera, no ya en un hombre, sino en un tesoro. Tenía una talla casi gigantesca y una fuerza y una corpulencia acordes con ella. Parecía como si la naturaleza hubiera cometido un error imperdonable obligándola a llevar los días de diario una bata de color marrón oscuro con delicados volantes y un chal rojo de cachemir el domingo de Pascua y el día de su santo, cuando en realidad le hubieran cuadrado mejor el bigote y las botas altas de un dragón. En cambio, sus ocupaciones guardaban una perfecta consonancia con su aspecto exterior: montaba en barca y manejaba los remos con mayor pericia que cualquier pescador; cazaba aves; pasaba horas enteras vigilando a los segadores; sabía con exactitud el número de melones y sandías que tenía en el huerto; cobraba una tasa de cinco kopeks a cada carro que atravesaba su dique; trepaba a los árboles para sacudir las peras; pegaba a los sirvientes perezosos con su temible mano y con esa misma mano obsequiaba a los que lo merecían con una copita de vodka. Casi al mismo tiempo que regañaba a los criados, teñía las madejas de hilo, corría a la cocina, preparaba levas, cocía mermeladas con miel; en resumen, se pasaba todo el día atareada y no desatendía ninguna de sus ocupaciones. La consecuencia de toda esa actividad era que la pequeña hacienda de Iván Fiódorovich, que contaba con dieciocho almas según el último censo, había prosperado en el más amplio sentido de la palabra. Además, quería mucho a su sobrino y se afanaba en reunir dinero para él.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker