Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —Parece que son dos personas, una arriba y otra abajo. ¡Pero vete tú a saber cuál de las dos es el diablo!
—¿Quién está arriba?
—¡Una mujer!
—¡Pues ya está claro quién es el diablo!
Estalló una carcajada general que despertó a casi toda la calle.
—¡Una mujer subida sobre un hombre! ¡Seguro que sabe cómo manejar a su montura! —dijo alguien entre la multitud.
—¡Mirad, hermanos! —dijo otro, levantando un trozo de la olla, de la que sólo una mitad seguÃa sobre la cabeza de Cherevik—. ¡Vaya una gorra que se ha puesto este valiente!
El ruido creciente y las carcajadas terminaron por reanimar a nuestros dos muertos. Solopi y su esposa, que aún no se habÃan recuperado de sus recientes temores, pasaron un buen rato mirando con ojos aterrados e inmóviles los rostros atezados de los gitanos; iluminados por la luz vacilante y temblorosa del candil, parecÃan una muchedumbre salvaje de gnomos, rodeados de pesados vapores subterráneos, en medio de las tinieblas de la noche impenetrable.
¡Fuera, desaparece, visión satánica!
(De una comedia ucraniana).
