Las Veladas de Dikanka

Las Veladas de Dikanka

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Qué, Gritsko, hemos hecho mal nuestro trabajo? —dijo el espigado gitano al joven, que avanzaba a buen paso—. ¿Son míos ahora los bueyes?

—¡Sí, sí! ¡Tuyos son!

XIII

No temas, madrecita, no temas.

Cálzate tus botas rojas

y pisotea

a tus enemigos para que resuenen tus espuelas

y tus enemigos se callen.

(CanciĂłn de boda).

Paraska, que se había quedado sola en la casa, había apoyado una mano en su bello mentón y se había sumido en profundos pensamientos. Muchos ensueños se arremolinaban en torno a su cabeza de cabellos castaños. De vez en cuando una leve sonrisa afloraba a sus labios encarnados y una sensación de alegría levantaba sus oscuras cejas; pero de pronto una nube de preocupación las hacía bajar de nuevo sobre sus ojos oscuros. «¿Y si no se cumple lo que me dijo?» —susurraba con una expresión de duda. «¿Y si no nos casáramos? Y si… No, no, ¡eso no sucederá! Mi madrastra hace todo lo que se le antoja; ¿acaso no puedo yo hacer lo mismo? Terquedad no me va a faltar. ¡Qué guapo es! ¡Qué maravilloso es el brillo de sus ojos negros! Con qué encanto dice: “¡Paraska, palomita mía!”. ¡Y qué bien le queda la casaca blanca! Sólo le hace falta un cinturón de un color más vivo…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker