Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Historia verdadera narrada por el sacristán de la iglesia de ***
Fomá Grigórievich tenía una rara particularidad: aborrecía contar dos veces la misma historia. Cuando en ocasiones se le convencía para que volviera a narrar un relato, el oyente advertía que introducía en él algún elemento nuevo o lo transformaba hasta el punto de hacerlo irreconocible. Una vez uno de esos señores a los que nosotros, gentes sencillas, nos cuesta dar un nombre —no sé si habría que decir escritorzuelo—; en cualquier caso, son como los ropavejeros de nuestras ferias: a fuerza de recoger, mendigar y robar toda suerte de cosas, acaban reuniendo libritos no mayores que un abecedario que aparecen cada mes o semana. Uno de esos señores consiguió esta historia de Fomá Grigórievich, que después se olvidó por completo de ella. Al cabo de algún tiempo llegó de Poltava ese señor de caftán color guisante al que ya me he referido antes y del cual quizás hayan leído ustedes algún relato; traía consigo un librito, que abrió por la mitad y nos mostró. Fomá Grigórievich iba ya a colgarse las gafas sobre la nariz, pero al recordar que había olvidado componerlas con hilo y cera, me entregó el libro. Como tengo algunas letras y no necesito gafas, me puse a leer. No había tenido tiempo de pasar dos páginas, cuando me detuvo, cogiéndome de la mano.
