Sab

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»¡Oh, vosotros, los que ya lo habéis visto todo, los que todo lo habéis comprendido y juzgado, vosotros los que ya conocéis la vida y os adelantáis a su último término, guiados por la prudencia y acompañados por la desconfianza! Respetad esas almas llenas de confianza y de fe, esas almas ricas de esperanzas y poderosas por su juventud…; dejadles sus errores… menos mal les harán que esa fatal previsión que queréis darle».

Teresa haciendo estas reflexiones se había inclinado hacia su prima y la apretaba en sus brazos con no usada ternura. Carlota recibía sus caricias sin devolverlas —tan preocupada estaba— hasta que Teresa renovando la conversación procuró tranquilizarla repitiéndola, con acento de convicción, que Enrique la amaba, que la amaría siempre y que le ultrajaba en dudar un momento de su sinceridad y constancia.

Luego que la vio menos agitada rogola procurase dormir y ella misma aparentó necesidad de reposo. Imposible fue sin embargo a Carlota dormirse en algún tiempo: bien que sosegada de sus temores sentíase sobradamente conmovida, y ya Teresa dormía al parecer profundamente, hacía más de media hora, cuando ella aún daba vueltas en su cama sin poder sosegar. Por fin, después de esta agitación el deseado sueño descendió a sus ojos y Carlota se quedó dormida al mismo tiempo que el reloj sonaba distintamente las doce.

FIN DE LA PRIMERA PARTE


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