Sab

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»¡Oh delirio de un corazón abrasado! ¡A ti debo los únicos momentos de felicidad que después de cuatro años haya experimentado!

»Una de las veces que estuve en la ciudad, no pude ver a Carlota aunque permanecí tres días con este objeto. Belén me dijo que la señorita apenas salía de su cuarto; que se hallaba ligeramente indispuesta y muy triste, y rehusaba recibir hasta vuestras visitas, Teresa, y las de sus parientas. Según me ha confesado después nadie ignoraba en la casa el motivo de su tristeza: su mano había sido rehusada a Enrique Otway: pero entonces nadie me comunicó estas noticias. A pesar de lo impenetrable que yo creía mi secreto Belén lo había adivinado, y según me ha dicho después ella rogó a las esclavas no hablar en mi presencia de los amores de la señorita. Inquieto con lo que se me decía de su poca salud y no logrando verla, pasaba las noches pegado a la ventana de su cuarto que da sobre el patio, y allí me encontraba la aurora, contento si en el silencio de la noche había podido percibir un suspiro, un movimiento de Carlota.





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