Sab

Sab

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando Enrique sustrayéndose a las instancias del dueño de la casa, a las importunidades de las niñas y a las mudas súplicas de su querida, se acercó a Teresa para decirla a Dios, volviose con un movimiento convulsivo hacia él, asustada con el sonido de su voz.

Enrique al tomarla la mano notó que estaba fría y temblorosa, y aun creyó percibir un leve suspiro ahogado con esfuerzo entre sus labios. Fijó en ella los ojos con alguna sorpresa, pero había vuelto a colocarse en su primera postura, y su rostro frío, y su mirada fija y seca, como la de un cadáver, no revelaban nada de cuanto entonces ocupaba su pensamiento y agitaba su alma.

Enrique montó a caballo: sólo aguardaba a Sab para partir, pero Sab estaba detenido por Carlota que llena de inquietud le recomendaba su amante:

—Sab —le decía con penetrante acento—, si la tempestad es tan terrible como presagian estas negras nubes y esta calma espantosa, tú, que conoces a palmo este país, sabrás en dónde refugiarte con Enrique. Porque por solitarios que sean estos campos no faltará un bohío[12] en que poneros al abrigo de la tormenta. ¡Sab!, yo te recomiendo mi Enrique.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker