Sab
Sab Diversos pensamientos más sombrÃos, más terribles, eran sin duda los que ocupaban el alma del esclavo. ¿Pero quién se atreverÃa a querer penetrarlos? A la luz repercutida de los relámpagos veÃanse sus ojos fijos, siempre fijos en su compañero, como si quisiera registrar con ellos los senos más recónditos de su corazón; y por un inconcebible prodigio pareció por fin haberlo conseguido pues desvió de repente su mirada, y una sonrisa amarga, desdeñosa, inexplicable, contrajo momentáneamente sus labios. «¡Miserable!», murmuró con voz inteligible; pero esta exclamación fue sofocada por la detonación del rayo.
La tempestad estalla por fin súbitamente. Al soplo impetuoso de los vientos desencadenados el polvo de los campos se levanta en sofocantes torbellinos: el cielo se abre vomitando fuego por innumerables bocas: el relámpago describe mil ángulos encendidos: el rayo troncha los más corpulentos árboles y la atmósfera encendida semeja una vasta hoguera.
El joven inglés se vuelve con un movimiento de terror hacia su compañero:
—Es imposible continuar —le dice—, absolutamente imposible.
—No lejos de aquà —responde tranquilamente el esclavo— está la estancia de un conocido mÃo.
—Vamos a ella al momento —dijo Enrique, que conocÃa la imposibilidad de tomar otro partido.