Sab
Sab Era un recinto de poca extensión defendido del ardiente viento del sur por triples hileras de altas cañas de hermoso verde oscuro, conocidas en el país con el nombre de Pitos, que batidas ligeramente por la brisa formaban un murmullo dulce y melancólico, como el de la ligera corriente de un arroyo. Era el jardín un cuadro perfecto, y los otros tres frentes los formaban arcos de juncos cubiertos por vistosos festones de cambutera y balsamina, cuyas flores carmíneas y doradas libaban zumbando los colibrís[13] brillantes como esmeraldas y topacios. Sab había reunido en aquel pequeño recinto todas las flores que más amaba Carlota. Allí lucía la astronomía, de pomposos ramilletes morados, la azucena y la rosa, la clavellina[14] y el jazmín, la modesta violeta y el orgulloso girasol enamorado del rey de los astros, la variable malva-rosa[15], la aleluya con sus flores nacaradas, y la Pasionaria[16] ofreciendo en su cáliz maravilloso las sagradas insignias de la pasión del Redentor. En medio del jardín había un pequeño estanque en el que Sab había reunido varios pececitos de vistosos colores, rodeándole de un banco de verdura sombreado por la anchas hojas de los plátanos.