Sab

Sab

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Tú eres el único ser en la tierra que quiera acariciar estas manos tostadas y ásperas: tú el único que no se avergüenza de amarme: lo mismo que yo naciste condenado a la servidumbre… pero ¡ay! Tu suerte es más dichosa que la mía, pobre animal; menos cruel contigo el destino no te ha sido el funesto privilegio del pensamiento. Nada te grita en tu interior que merecías más noble suerte, y sufres la tuya con resignación.

La dulce voz de Carlota le arrancó de sus sombrías ideas. Recibió la carta que le presentó la doncella, despidiose de ella respetuosamente y partió en su jaco llevando del cabestro el alazán de Enrique.

Ya se había levantado toda la familia y Carlota se presentó para el desayuno. Nunca había estado tan hermosa y amable: su alegría puso de buen humor a todos, y la misma Teresa parecía menos fría y displicente que de costumbre. Así se pasó aquel día en agradables conversaciones y cortos paseos, y así transcurrieron otros que duró la ausencia de Enrique.

Carlota empleaba una gran parte de ellos gozando anticipadamente con el pensamiento la satisfacción de hacer una divertida viajata con su amante. ¡Tal es el amor! Anhela un ilimitado porvenir pero no desprecia ni el momento más corto. Esperaba Carlota toda una vida de amor, y se embelesaba a la proximidad de algunos días, como si fuesen los únicos en que debiera gozar la presencia de su amante.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker