Sab
Sab —Aquà tenéis a Sab —les dijo—, señalad la hora de la partida pues él es el encargado de todas las disposiciones del viaje, y como práctico en estos caminos será nuestro guÃa.
El mulato se acercó entonces, y D. Carlos sentándose entre Carlota y Enrique prosiguió dirigiéndose a éste:
—Hace diez años que no he estado en Cubitas y aun antes de esta época visité muy pocas veces las estancias que tengo allÃ. Estaban casi abandonadas, pero desde que Sab vino a Bellavista sus frecuentes visitas a Cubitas les han sido de mucha utilidad, según estoy informado; y creo que las hallaré en mejor estado que cuando las vi la última vez.
Sab manifestó que dichas estancias estaban todavÃa muy distantes del grado de mejora y utilidad a que podÃan llegar con más esmerado cultivo, y preguntó la hora de la partida.
Carlota señaló las cinco de la tarde, hora en que la brisa comienza a refrescar la atmósfera y hace menos sensible el calor de la estación, y Sab se retiró.