Poesia
Poesia La desgracia del forzado,
y del cosario[848] la industria[849],
la distancia del lugar
y el favor de la Fortuna,
5que por las bocas del viento[850]
les daba a soplos ayuda
contra las cristianas cruces[851]
a las otomanas lunas[852],
hicieron que de los ojos
10del forzado a un tiempo huyan
dulce patria, amigas velas,
esperanzas y ventura.
Vuelve, pues, los ojos tristes
a ver cómo el mar le hurta
15las torres, y le da nubes,
las velas, y le da espumas.
Y viendo más aplacada
en el cómitre la furia,
vertiendo lágrimas, dice,
20tan amargas como muchas:
«¿De quién me quejo[853] con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?».
«Ya no esperen ver mis ojos,
pues ahora no lo vieron,
25sin este remo las manos,
