Poesia
Poesia y los pies sin estos hierros;
que, en esta desgracia mía,
Fortuna me ha descubierto
que cuantos fueren mis años
30tantos serán mis tormentos.
¿De quién me quejo con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?
Velas de la Religión
enfrenad vuestro denuedo;
35que mal podréis alcanzarnos
pues tratáis de mi remedio.
El enemigo se os va,
y favorécelo el tiempo
por su libertad no tanto
40cuanto por mi captiverio.
¿De quién me quejo con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?
Quedaos en aquesa playa[854],
de mis pensamientos puerto;
45quejaos de mi desventura,
y no echéis la culpa al viento.
Y tú, mi dulce suspiro,
rompe los aires ardiendo,
visita a mi esposa bella,
50y en el mar de Argel te espero».
¿De quién me quejo con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?