Poesia
Poesia 135que, por darlo a sus mejillas,
se lo hurtó a la alba aquel año.
En dos labios dividido,
se ríe un clavel rosado,
guarda-joyas de unas perlas
140que invidia al mar Indïano.
Lo torneado del cuello,
y del pecho el alabastro
tentaciones son, Señor;
sed libera nos a malo,
145entre lo que no se ve
y lo que brujuleamos
metió, una basquiña[1062] verde,
el bastón terciopelado.
Estas eran las bellezas
150de aquel ídolo de mármol,
que a razones y a pellizcos
tenía ya el mozuelo blando.
Favorecióles la noche,
prestándoles tiempo, y tanto,
155que se contaron sus vidas,
y sus muertes concertaron.
Señora madre, devota,
se estuvo siempre rezando,
y señor padre, poltrón,
160se salió a dormir al claustro.
Con esto dieron lugar