Poesia
Poesia 70mortal horror al que con paso lento
los bueyes a su albergue reducía,
pisando la dudosa luz del día.
Cercado es (cuanto más capaz, más lleno)
de la fruta, el zurrón, casi abortada,
75que el tardo otoño deja al blando seno
de la piadosa hierba, encomendada:
la serba, a quien le da rugas el heno;
la pera, de quien fue cuna dorada
la rubia paja, y pálida tutora,
80la niega avara, y pródiga la dora.
Erizo es, el zurrón, de la castaña,
y (entre el membrillo o verde o datilado)
de la manzana hipócrita, que engaña,
a lo pálido no, a lo arrebolado,
85y, de la encina (honor de la montaña,
que pabellón al siglo fue dorado)
el tributo, alimento, aunque grosero,
del mejor mundo, del candor primero.
Cera y cáñamo unió (que no debiera)
90cien cañas, cuyo bárbaro rüído,
de más ecos que unió cáñamo y cera
albogues, duramente es repetido.
La selva se confunde, el mar se altera,
