Poesia
Poesia corrió Favonio lisonjeramente
215a la de viento, cuando no sea cama
de frescas sombras, de menuda grama.
La ninfa, pues, la sonorosa plata
bullir sintió del arroyuelo apenas,
cuando, a los verdes márgenes ingrata,
220segur se hizo de sus azucenas.
Huyera; mas tan frío se desata
un temor perezoso por sus venas
que a la precisa fuga, al presto vuelo,
grillos de nieve fue, plumas de hielo.
225Fruta en mimbres halló, leche exprimida,
en juncos, miel en corcho, mas sin dueño;
si bien al dueño debe, agradecida,
su deidad culta, venerado el sueño.
A la ausencia mil veces ofrecida,
230este de cortesía no pequeño
indicio la dejó aunque estatua helada,
más discursiva y menos alterada.
No al Cíclope atribuye, no, la ofrenda;
no a sátiro lascivo, ni a otro feo
235morador de las selvas, cuya rienda
el sueño aflija, que aflojó el deseo.
El niño dios, entonces, de la venda,
