Poesia
Poesia La blancura del rostro se concentra en la frente, que no sólo está definida con el adjetivo «blanca» sino intensificada gracias a la situación que nos comunica: su blancura es tal que puede mirar con desdén al lirio. ¿Por qué al «lilio bello»? Entre las variedades de color que ofrece esta flor es muy posible que se refiera al blanco y precisamente el blanco se identifica con la azucena, que encierra el símbolo de la pureza. Dentro de la tradición cristiana era el emblema preferido, sobre todo desde la Edad Media, para la representación iconográfica de la Virgen, como atributo principal. De este modo, y gracias a las posibilidades que ofrece el término, se añade a la idea de blancura otra cualidad, y más que cualidad, virtud y precisamente la virtud que justifica la esencia de la Virgen para un cristiano. Si se añade que ese lirio mira con desdén la blancura de la dama esa cualidad no puede intensificarse más puesto que ha traspasado las propias barreras de lo material alcanzando lo sagrado. Pero, además, el hecho de seleccionar una flor como elemento de relación apunta una nueva significación, la fragilidad.