Poesia
Poesia De nuevo otra flor, ahora el «clavel temprano», cantado en toda la poesía de la época por su anticipada presencia en los campos anunciadora de la belleza, sirve de motivo para relacionar la admiración que causa la boca de la dama. La expresión «siguen más ojos» permite destacar por la metonimia el sentido de la vista (intensificado por el plural) en lugar de la acción de mirar. Se sugiere así mucho mejor la capacidad de atracción de sus labios. La luz, que con el oro inicial había abierto el cuadro, cierra la descripción que ocupa los dos cuartetos. De nuevo se repite la técnica gongorina de intensificación gracias a la comparación con elementos naturales. Ahora le corresponde al «cristal» o agua, que resalta su propia esencia (luz, transparencia) mediante el adjetivo antepuesto «luciente». Esta forma verbal, en participio, y por tanto con función adjetival, acentúa el vitalismo de la luz (río), símbolo de la vida. De la misma manera que antes se había referido al «menosprecio» de la frente al mirar al lirio, ahora es su sinónimo «desdén», acompañado por el adjetivo «lozano» (en el que se concentra toda la tersura implícita que le permite mirar con desprecio a aquello que está por debajo de su belleza), el que construye la imagen de superioridad total por parte del cuello. Con el verbo «triunfar», que entraña una contienda previa que debemos entender como la lucha entre la belleza de la naturaleza y la de la mujer (ya señalada desde el principio con el verbo «competir»), se nos proporciona definitivamente la superioridad de la belleza femenina. En estos dos cuartetos, el poeta ha construido una imagen de la mujer totalmente pictórica, a partir de los recursos ofrecidos por la naturaleza. Llama la atención, sin embargo, la presencia interna de una contienda que perdura desde el principio hasta mostrarnos la victoria de esa belleza humana. Por ello, cuando el primer terceto se inicia con el imperativo «goza», dirigido a cada uno de los rasgos antes descrito (unidos por yuxtaposición para dar más rapidez a la enumeración), y después se abre el verso siguiente con la advertencia temporal «antes que», el lector siente que hay una amenaza bajo esa incitación al goce. La amenaza tiene una marca temporal doble: el verbo «fue» en pasado perfecto, es decir, mostrando la acción terminada, y la expresión «edad dorada», que implica un tiempo rico pero breve en el cual la belleza era total. Si el primer verso de este terceto recogía la enumeración de los rasgos femeninos, el verso 11 lo hace simétricamente con los elementos naturales. Así aparecen unidos, como en un espejo, belleza femenina y belleza natural. Además, la utilización de la segunda persona individualiza el sentimiento, de manera que la realidad de la muerte no queda expresada como una idea general sino como una vivencia anticipada en una persona concreta y cercana al poeta. Esa diferencia marca el sentido dramático que tiene el tiempo para el hombre barroco y que resulta cercana a la experimentada por el hombre moderno.