Poesia
Poesia El último terceto se inicia con la fórmula negativa «no sólo», complementada posteriormente por la conjunción adversativa «mas» de modo que cuanto se encierra entre esos términos forma parte de la oposición entre pasado y futuro que había iniciado la locución «antes que». Así, en un proceso de gradación descendente doble van desapareciendo las mejores cualidades que antes revestían la naturaleza y la mujer. El poeta se fija en la riqueza de vida y color simbolizada en el oro y en la blancura del lirio. El oro queda primeramente transformado en «plata» y el lirio en violeta («viola») que a su fragilidad natural añade su estado mortecino con el adjetivo «troncada» (tronchada o cortada). En esta situación, la sugerencia del dolor representada por el color violeta en la iconología cristiana, aporta un sentido moral al desenlace. Finalmente, la concreción del «tú» y el «ello» para individualizar mujer y Naturaleza, y la introducción del adverbio «juntamente» que desdibuja toda diferencia entre lo natural y lo humano, prolongado fónicamente con la terminación «—mente», consigue crear una atmósfera de desolación que contrasta violentamente con la singularización de los cuartetos. Además, si nos fijamos en la rima de los cuartetos («—ello») con la que va fijando el poeta la singularidad, el pronombre «ello» final contrasta por completo en su significado y aumenta el desengaño. Tras el adverbio en posición rítmica descendente, en el vértice final, el último verso resulta el colofón de esa destrucción progresiva, desde la tierra, que implica ya la muerte aunque siga la materia, hasta su desaparición definitiva, del individuo y de la naturaleza. El cierre, con la expresión, «en nada», después de habernos enseñado la máxima belleza y de alentar al placer resulta todo un perfecto cuadro barroco de «vanitas», uno de cuyos ejemplos más conocidos y representativos puede ser El sueño del caballero de Antonio de Pereda.