Poesia
Poesia A UNA ENFERMEDAD QUE TUVO EL POETA EN SALAMANCA, DONDE ESTUVO TRES DÍAS CASI PARA EXPIRAR (1594)
Muerto[212] me lloró el Tormes en su orilla,
en un parasismal[213] sueño profundo,
en cuanto don Apolo el rubicundo[214]
tres veces sus caballos desensilla[215].
5Fue mi resurrección la maravilla
que de Lázaro fue la vuelta al mundo;
de suerte que ya soy otro segundo
Lazarillo de Tormes en Castilla.
Entré a servir a un ciego[216], que me envía,
10sin alma vivo, y en un dulce fuego,
que ceniza[217] hará la vida mía.
¡Oh qué dichoso que sería yo luego,
si a Lazarillo le imitase un día
en la venganza[218] que tomó del ciego!
