Poesia
Poesia sigo, esforzando el mío,
su fugitivo paso,
30no más por alcanzalla que por vella;
ella, mi intento viendo,
vuelve a mí la serena
süave luz, y enfrena
mi dulce alcance, el mismo efecto haciendo
35sus luces soberanas
en mí que Atalanta las manzanas[477]
Yo, pues, ciego y turbado[478],
viéndola cómo mide
con más ligeros pies el verde llano,
40que del arco encorvado
la saeta despide
del parto[479] fiero la robusta mano,
y viendo que en mí mengua
lo que a ella le sobra,
45pues nuevas fuerzas cobra,
apelo de los pies para la lengua,
y en alta voz le digo:
«No huyas, ninfa, pues que no te sigo.
Enfrena, oh Clori[480], el vuelo,
50pues ves que el rubio Apolo[481]
pone ya fin a su carrera ardiente[482];
ten de ti misma duelo,
deponga[483] un rato sólo
el honesto sudor tu blanca frente.