Poesia
Poesia ¡Qué de invidiosos montes levantados,
de nieves impedidos[487],
me contienden[488] tus dulces ojos bellos!
¡Qué de ríos del yelo tan atados[489],
5del agua tan crecidos,
me defienden[490] el ya volver a vellos!
¡Y que[491], burlando dellos,
el noble pensamiento
por verte viste plumas, pisa el viento[492]!
10Ni a las tinieblas de la noche obscura
ni a los yelos perdona
y a la mayor dificultad engaña;
no hay guardas hoy de llave tan segura
que nieguen[493] tu persona,
15que no desmienta con discreta maña;
ni emprenderá hazaña
tu esposo, cuando lidie[494],
que no la registre él, y yo no invidie.
Allá vueles, lisonja de mis penas[495],
20que con igual licencia
penetras el abismo, el cielo escalas;
y mientras yo te aguardo en las cadenas[496]
de esta rabiosa ausencia,
al viento agravien tus ligeras alas[497].
25Ya veo que te calas[498]
donde bordada tela
