Poesia
Poesia un lecho abriga y mil dulzuras cela.
Tarde batiste[499] la invidiosa pluma[500],
que en sabrosa fatiga
30vieras (muerta la voz, suelto el cabello)
la blanca hija de la blanca espuma[501],
no sé si en brazos diga
de un fiero Marte, o de un Adonis[502] bello;
ya anudada a su cuello,
35podrás verla dormida,
y a él casi trasladado a nueva vida.
Desnuda el brazo[503], el pecho descubierta,
entre templada nieve
evaporar contempla[504] un fuego helado,
40y al esposo, en figura casi muerta,
que el silencio le bebe
del sueño con sudor solicitado.
Dormid, que el Dios alado[505],
de vuestras almas dueño,
45con el dedo en la boca os guarda el sueño.
Dormid, copia[506] gentil de amantes nobles,
en los dichosos nudos
que a los lazos de amos os dio Himeneo[507];
mientras yo[508], desterrado, de estos robles
50y peñascos desnudos
la piedad con mis lágrimas granjeo.
Coronad el deseo
de gloria, en recordando[509];