Cuentos de Italia
Cuentos de Italia Duerme la isla, envuelta en un severo silencio; el mar duerme también, como muerto. DirÃase que alguien, con mano fuerte, lanzó desde el cielo esta piedra negra, de forma extraña, al pecho del mar, y le quitó la vida.
Cuando se mira a la isla desde la lejanÃa donde el arco de oro de la VÃa Láctea roza las negras aguas, parece un animal de gran testuz que, combado el peludo lomo, hundido el enorme hocico en el mar, bebe en silencio agua, quieta como una balsa de aceite.
En diciembre son muy frecuentes estas negras noches de mortal calma, tan extrañamente serenas, que da reparo y es innecesario hablar alto; requieren el susurro, la media voz, pues parece de continuo que el sonido fuerte va a turbar el reposo de algo que madura oculto en el pétreo silencio, bajo el terciopelo azul del cielo nocturno,
AsÃ, a media voz, hablan dos hombres, sentados en las piedras, caóticamente amontonadas, de la orilla de
la isla; uno es un soldado del Resguardo, con guerrera negra ribeteada de amarillo y una corta carabina a la espalda; vigila para que los campesinos y los pescadores no se lleven la sal que se acumula en las grietas de los pedruscos; el otro es un viejo pescador, rasurado corno un español, de tez morena y argentadas patillas que arrancan de las orejas y van hacia la nariz, grande y ganchuda corno el pico de un loro.