Cuentos de Italia
Cuentos de Italia En Nápoles los tranviarios se han declarado en huelga. a lo largo de toda la Riviera. di Chiaia se extiende una cadena de vagones vacíos, y en la Piazza delta Vittoria se ha congregado una multitud de conductores y cobradores de tranvías; todos ellos son napolitanos, alegres, bulliciosos, inquietos como el azogue. Sobre sus cabezas, sobre la verja del parque, refulge en el aire el surtidor de una fontana, fino como la lisia de una espada; una muchedumbre de personas que necesitan ir a sus quehaceres, a todos los confines de la gran urbe, les rodea hostil, y todos estos dependientes, menestrales, pequeños comerciantes, costureras increpan iracundos, a grandes gritos, a los huelguistas. Restallan los denuestos, las hirientes pullas, se agitan sin cesar las manos, con las que los napolitanos hablan tan expresiva y elocuentemente como con sus lenguas infatigables.
Del mar viene una leve brisa, las grandes palmeras del parque urbano balancean suavemente, como abanicos, sus ramas de un color verde obscuro, y sus troncos tienen un parecido extraño con las monstruosas patas de los pesados elefantes. Los chicos medio desnudos, hijos de las calles napolitanas, corretean a saltitos, como gorriones, llenando el aire con sus sonoros gritos y risas.