Mis confesiones
Mis confesiones DEDIQUÉME al cumplimiento de la penitencia que me habÃa sido impuesta. Apenas terminadas mis tareas diarias, me encaminaba a la iglesia. El Padre Nicodemo hacÃa girar las puertas de bronce y las cerraba tras de mÃ, llenando el silencio del templo de una sonora resonancia metálica. Yo aguardaba junto a la puerta a que el eco se fuese apagando poco a poco sobre las losas, y luego, con quedos y cautelosos pasos, me iba aproximando al crucifijo; una vez allÃ, me sentaba, pues el cansancio me impedÃa permanecer de pie; agotado por la dura labor de todo el dÃa, no me quedaban ánimos para recitar letanÃas.
