Mis confesiones
Mis confesiones —¡No te dé miedo, tontÃn! ¡La muerte no es cada! La misa de difuntos es la más bella de toda la liturgia; hay en ella ternura y piedad por el hombre. Nuestros semejantes no compadecen sino a los muertos.
Recuerdo perfectamente todas sus palabras, todos sus razonamientos, aunque el significado, como es natural, a la sazón no se me alcanzaba. El hombre no ve claro en los años de la infancia, hasta que llega a la edad madura.
Recuerdo muy bien que cierto dÃa le pregunté por qué Dios acudÃa tan raras veces en ayuda de los hombres.
—Porque no es asunto de su incumbencia. Ayúdate a ti mismo; por eso te ha sido otorgada la razón. Dios está ahà para que la muerte no sea una cosa terrible; pero la vida es cuestión de cada uno.
No tardé mucho en olvidar estas enseñanzas. Cuando quise recordarlas era ya demasiado tarde, y por eso he sufrido tanto inútilmente.
