El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —SabÃas bien, Sapo, que tarde o temprano llegarÃamos a esto —explicó severamente el Tejón—. Has hecho caso omiso de todas nuestras advertencias, has despilfarrado el dinero que te dejó tu padre, nos has dado muy mala fama a los animales en toda la región con tu forma salvaje de conducir y tus accidentes y tus peleas con la policÃa. La independencia está muy bien, pero los animales nunca permitimos que nuestros amigos hagan el ridÃculo más allá de ciertos lÃmites, y tú has sobrepasado esos lÃmites. Ahora bien, eres un buen animal en muchos sentidos, y no quiero ser demasiado duro contigo, de modo que haré un último esfuerzo por hacerte entrar en razón. Ahora vas a venir conmigo al salón de fumar a escuchar un par de cosas que tengo que decirte, y ya veremos si cuando salgas de esa habitación sigues siendo el mismo Sapo.
Cogió al Sapo firmemente del brazo, le llevó al salón de fumar y cerró la puerta.
—¡Eso no sirve de nada! —exclamó el Ratón desdeñosamente—. Al Sapo no se le cura hablando. Dirá cualquier cosa.