El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Se ha dicho —posiblemente con mala intención— que El señor de los anillos es el sueño de un conservador, de un tradicionalista. Bueno, no exactamente asÃ… Lo que se ha mantenido es que los hobbits y el paÃs donde viven, «La Comarca», son el ensueño de un conservador. Vidas tranquilas, valores sólidos, nada de aventuras, buenas pipas —de fumar—, poco trabajo y menos preocupaciones aún. Como pasión fundamental: el estudio de las genealogÃas y de los diferentes tipos de tabaco. Bien, mucho de paraÃso tradicionalista tiene también el mundo de El viento en los sauces. El rÃo donde viven Topo, Ratón, Sapo, las nutrias y los demás habitantes de este «nuncajamás», es una Arcadia tranquila, fuera del espacio y del tiempo, donde animales humanizados —en el sentido más noble del término— conviven apaciblemente. Más allá, «El Bosque Salvaje», peligroso pero bello y nada ajeno a los habitantes de la Orilla del RÃo y, aún más lejos, «El Ancho Mundo», al que es mejor no asomarse. Las idas y vueltas de Topo, Ratón y Tejón, las locuras y gracias de Sapo y los avatares aventureros pero cotidianos que todos ellos corren, son aquello que hará que los niños se emocionen y sonrÃan… y pidan peluches de Topo y Sapo y quieran ver la pelÃcula o se estén calladitos ante el vÃdeo. Pero ¿qué encuentran los adultos en El viento en los sauces? Los anglosajones, algo más: viejos amigos de la infancia de los que extraer nuevos placeres en la edad adulta. ¿Y el resto de nosotros?