El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Bueno, por lo visto fue allà donde dio a Portly su primera lección de natación —siguió diciendo el Ratón—. En ese puntal de arena que hay cerca de la orilla. Y también fue allà donde le enseñó a pescar, y donde Portly atrapó su primer pez, de lo que estaba muy orgulloso. Al crÃo le encantaba ese sitio, y la Nutria cree que si vuelve alguna vez de dondequiera que esté (si es que está todavÃa en algún lugar, pobrecito) es posible que venga por ese vado que le gustaba tanto; o si lo encuentra se acordará de él, y quizá se pare allà a jugar. Asà que la Nutria va allà todas las noches a vigilar… por si acaso, ya sabes, ¡sólo por si acaso!
Se quedaron callados un rato, ambos pensando en lo mismo: el animal solitario y afligido, agazapado junto al vado, vigilando y esperando durante toda la larga noche… por si acaso.
—Bueno, bueno —dijo al fin el Ratón—, supongo que deberÃamos ir pensando en acostarnos.
Pero no hizo ademán de moverse.
—Ratón —dijo el Topo—, yo no puedo acostarme y quedarme dormido sin hacer nada, aunque por lo visto no haya nada que hacer. Vamos a sacar la barca y a remar rÃo arriba. Dentro de una hora saldrá la luna y entonces nos pondremos a buscar lo mejor que podamos… de todas formas será mejor que acostarse sin hacer nada.