El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —En eso mismo estaba pensando yo —dijo el Ratón—. De todas formas no hace una noche para irse a la cama, y no queda tanto para el amanecer, y a lo mejor nos enteramos de algo preguntando a los animales madrugadores.
Sacaron la barca, el Ratón empuñó los remos y empezó a remar con precaución. En medio del rÃo habÃa una franja clara y estrecha donde se reflejaba débilmente el cielo, pero las sombras de las orillas, los arbustos y los árboles parecÃan tan densas sobre el agua como las propias orillas, por lo que el Topo tenÃa que gobernar la barca con mucho cuidado. Aunque oscura y desierta, la noche estaba llena de ruiditos, cantos, chácharas y susurros, indicios de la presencia de la pequeña población atareada que pasaba la noche entera de un lado a otro, atendiendo a sus asuntos, hasta que al fin volvÃa a alumbrarles el sol y se retiraban a disfrutar de su merecido descanso. Los propios ruidos del agua también se oÃan mejor que durante el dÃa, sus gorgoteos y chapoteos parecÃan más inesperados y cercanos, y cada dos por tres se sobresaltaban al oÃr la llamada clara y repentina de una voz aparentemente articulada.