El Viento en los sauces
El Viento en los sauces
Al llegar de nuevo al curso principal del río dirigieron la barca contra la corriente, hacia el sitio donde sabían que aguardaba su amiga en solitaria vigilia. Cuando se acercaron al vado familiar el Topo arrimó la barca a la orilla, cogieron en brazos a Portly y le dejaron en el sendero de sirga, le dijeron por dónde debía ir y tras darle una palmadita cariñosa en la espalda a modo de despedida volvieron a apartarse de la orilla hacia la corriente central. Se quedaron mirando al animalito mientras caminaba por el sendero muy contento y ufano, balanceándose como un pato; vieron cómo de pronto levantaba el hocico y rompía a correr con un torpe trotecillo, dando chillidos y haciendo gestos de reconocimiento. Al mirar río arriba vieron a la Nutria, tensa y rígida, que salía de un salto del bajío donde había estado agazapada con muda paciencia, y oyeron sus ladridos de gozo y sorpresa mientras corría entre las mimbreras hacia el sendero. Entonces el Topo hizo girar la barca con una fuerte palada y dejó que la corriente les llevara río abajo a donde quisiera, una vez concluida felizmente su búsqueda.