El Viento en los sauces
El Viento en los sauces
—Ratón, me siento curiosamente cansado —dijo el Topo, apoyándose cansinamente en los remos mientras la barca se deslizaba a la deriva—. Dirás que es por haber estado en vela toda la noche, pero eso no es nada. En esta época del año hacemos lo mismo la mitad de los dÃas de la semana. No, me siento como si hubiera vivido algo muy emocionante y bastante terrible, y acabara de terminar, pero el caso es que no ha ocurrido nada especial.
—O algo muy sorprendente y espléndido y hermoso —murmuró el Ratón mientras se recostaba y cerraba los ojos—. Yo me siento igual que tú, Topo, muerto de cansancio pero no fÃsicamente cansado. Es una suerte que podamos dejarnos llevar por la corriente para volver a casa. ¡Qué gusto volver a sentir el sol penetrando hasta los huesos! ¡Y escucha al viento jugando entre los juncos!
—Es como música… una música lejana —asintió el Topo con aire somnoliento.
—En eso estaba pensando —murmuró el Ratón, lánguido y soñador—. Música de baile… una melodÃa cadenciosa que suena sin parar… pero que además tiene letra… a ratos tiene letra y a ratos no… me llega a intervalos… y luego vuelve a ser música de baile, y luego sólo se oye el suave susurro de los juncos.
—Tienes mejor oÃdo, mejor que yo —dijo tristemente el Topo—. Yo no distingo la letra.