El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Voy a intentar contarte lo que dice —dijo en voz baja el RatĂłn, con los ojos aĂşn cerrados—. Ahora vuelven las palabras… se oyen dĂ©bilmente pero con claridad… Para que el temor jamás… pueda tu frente nublar… mi poder contemplarás… cuando te venga a ayudar… ¡pero luego olvidarás! Y ahora hacen coro los juncos… olvidarás, olvidarás, suspiran, y su canto se va apagando entre murmullos y susurros. Luego vuelve a oĂrse la voz… Aunque acaso me verás… cuando haga saltar la trampa… la mano ignorarás… que del dolor te ampara… ¡porque luego olvidarás! ¡Sigue remando, Topo, acĂ©rcate a los juncos! Ya casi no se oye la voz, cada vez es más dĂ©bil… Mis ojos encontrarán… a los cachorros perdidos… y mis manos curarán… a todos los heridos… ¡y todos olvidarán! ¡Más cerca, Topo, más cerca! No, es inĂştil, la canciĂłn se ha perdido entre la cháchara de los juncos.
—¿Pero qué significa la letra? —preguntó el asombrado Topo.
—Ah, eso no lo sĂ© —contestĂł simplemente el RatĂłn—. Te la cuento tal como me llega. ¡Ah, ahora vuelve a oĂrse, y esta vez bien clara! Esta vez, por fin, es algo autĂ©ntico, inconfundible, simple… apasionado… perfecto…
—Bueno, pues cuéntamelo —dijo el Topo tras esperar pacientemente unos minutos, amodorrado por el calor.