El Viento en los sauces

El Viento en los sauces

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y entregado a lamentaciones como estas pasó los días y las noches durante varias semanas, rechazando comidas y refrigerios, aunque el viejo y adusto carcelero, que sabía que el Sapo tenía un buen bolsillo, le sugería a menudo que si lo aflojaba podía conseguir del exterior numerosas comodidades, e incluso lujos.

Ahora bien, el carcelero tenía una hija, una muchacha agradable y de buen corazón, que le ayudaba en las tareas ligeras de su cargo. Le gustaban mucho los animales, y además de un canario, cuya jaula pasaba el día colgada de un clavo en la sólida puerta de la torre, para gran fastidio de los presos aficionados a dormir la siesta después de comer, y la noche tapada con un paño en la mesa del salón, tenía varios ratoncitos blanquinegros y una ardilla que no paraba de dar vueltas en su rueda. Esta bondadosa muchacha, apiadándose de la desdicha del Sapo, dijo un día a su padre:

—¡Padre! ¡No soporto ver a ese pobre animalito tan infeliz, y cada vez más delgado! Te pido que me dejes ocuparme de él. Ya sabes lo mucho que me gustan los animales. Haré que coma de mi mano, que se levante y haga todo tipo de cosas.

Su padre le contestó que podía hacer lo que quisiera con él. Estaba harto del Sapo, de sus berrinches, sus aires de grandeza y su tacañería. De modo que aquel mismo día la muchacha emprendió su caritativa misión, y llamó a la puerta de la celda del Sapo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker