El Viento en los sauces
El Viento en los sauces El amor al hogar, el placer de la naturaleza, la amistad, la lealtad y el comportamiento digno, el ocio, y el discurrir de la vida amable y plácido… ¿No hay amenazas? Sí, alguna, pero se menciona de lejos. Depredadores como las comadrejas y, eso sí, humanos en forma de populacho. Cuando detienen a Sapo, al aristocrático y rico terrateniente Sapo, y va camino de la mazmorra…
«Entonces los brutales servidores de la ley se abalanzaron sobre el desventurado Sapo, le cargaron de cadenas y le arrastraron fuera del Juzgado chillando, rogando y protestando. Le llevaron por la plaza del mercado, donde la veleidosa plebe, siempre tan severa con el criminal convicto como comprensiva y servicial con el perseguido, le abucheó, le gritó improperios y le tiró zanahorias; por delante de un grupo de colegiales, que le silbaron con sus caras inocentes encendidas por el placer que siempre les procura la vista de un caballero en apuros;…».
Y de este tenor sigue el vía crucis del Sapo hasta acabar en la lóbrega celda. En este mundo aristocrático de animales a uno han de juzgarlo sus iguales, como sus amigos, el Señor Tejón, Ratón y Topo, quienes acaban llamándole al orden. Orden que la gente de bien ha de respetar porque si no se cumple, se pone en vergüenza uno mismo y, subsidiariamente, a todos.