El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Habían recorrido ya muchas millas y el Sapo empezaba a pensar en lo que iba a cenar en cuanto llegara a casa, cuando advirtió que el maquinista estaba asomado a la ventanilla de la cabina y escuchaba atentamente, con una expresión perpleja en la cara. Luego le vio encaramarse al montón de carbón y mirar a lo lejos por encima del tren, y al volver dijo al Sapo:
—Es muy raro, somos el último tren que viaja esta noche en esta dirección, ¡pero juraría que oigo a otro siguiéndonos!
El Sapo interrumpió al instante sus frívolas piruetas. Se puso serio y triste, y un sordo dolor en la parte inferior del espinazo, extendiéndose a sus piernas, le hizo sentarse e intentar desesperadamente no pensar en lo que podría ocurrir.
Para entonces la luna brillaba ya con fuerza y el maquinista, subido al montón de carbón, podía ver un largo trecho de los raíles que iban dejando atrás. Al cabo de un rato gritó:
—¡Ahora se ve muy claro! ¡Es una locomotora que viene a toda marcha por nuestra vía! ¡Parece que nos está persiguiendo!
El desdichado Sapo, agazapado entre el polvo del carbón, se devanaba los sesos buscando una escapatoria, pero no se le ocurría ninguna.