El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Por una naderÃa —contestó el pobre Sapo, poniéndose muy rojo—. Sólo cogà prestado un automóvil mientras sus dueños estaban comiendo y no lo necesitaban. No tenÃa la menor intención de robarlo, de verdad, pero la gente (y especialmente los jueces) es muy severa con los actos briosos e irreflexivos…
El maquinista puso una cara muy seria y dijo:
—Me temo que has sido un sapo muy malo, y mi deber serÃa entregarte a la justicia. Pero veo que estás muy apurado y angustiado, y no te abandonaré. Para empezar no me gustan los automóviles, y además no me hace ninguna gracia que los policÃas me den órdenes cuando estoy en mi locomotora. Y ver llorar a un animal siempre me apena y me enternece. ¡Asà que anÃmate, Sapo! ¡Haré lo que pueda, y quizá podamos vencerles todavÃa!
Alimentaron el fuego con más carbón, apaleándolo frenéticamente; la caldera rugÃa, saltaban chispas por todas partes y la locomotora trepidaba y oscilaba, pero sus perseguidores seguÃan ganándoles terreno poco a poco. Al fin el maquinista suspiró, se enjugó la frente con un trapo y dijo: