El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —¡Vaya, si es el bueno del Ratón! —gritaron nada más verle—. ¡Ven a echarnos una mano, Ratón, no te quedes ahà parado!
—¿Pero a qué jugáis? —dijo severamente el Ratón de Agua—. Sabéis muy bien que todavÃa falta mucho para empezar a pensar en una casa para el invierno.
—SÃ, claro que lo sabemos —explicó con cierta vergüenza un ratón de campo—, pero más vale hacerlo con tiempo, ¿no crees? La verdad es que debemos sacar de aquà todos los muebles, el equipaje y las provisiones antes de que esas máquinas horribles empiecen a traquetear por los campos; y además ya sabes que hoy en dÃa los mejores apartamentos se alquilan en seguida, y si llegas tarde tienes que conformarte con cualquier cosa, y encima hay que hacer muchos arreglos antes de poder instalarse. Por supuesto que es muy pronto, pero sólo estamos haciendo los primeros preparativos.
—¡Al diablo con vuestros preparativos! —dijo el Ratón—. Hace un dÃa espléndido, ¿por qué no venÃs a dar una vuelta en barca, o un paseo por los setos, o a merendar en el bosque, o lo que sea?
—Bueno, creo que hoy no, gracias —contestó apresuradamente el ratón de campo—. Quizá algún otro dÃa, cuando tengamos más tiempo…
Con un bufido de desdén, el Ratón se volvió para marcharse, tropezó con una sombrerera y se cayó, lo que le hizo proferir algunos comentarios malsonantes.