El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Si la gente tuviera más cuidado —dijo con frialdad un ratón de campo— y mirara por dónde va, no se harÃa daño… ni dirÃa palabrotas. ¡Cuidado con ese neceser, Ratón! Será mejor que te sientes en algún sitio. A lo mejor dentro de un par de horas tendremos un momento libre para atenderte.
—Por lo que veo no tendréis un momento «libre», como dices, hasta después de las Navidades —le respondió gruñonamente el Ratón mientras se alejaba por el trigal.
Volvió un poco abatido a la orilla de su rÃo, su viejo rÃo fiel y constante, que nunca hacÃa las maletas, ni preparativo alguno, ni se mudaba de casa en invierno.
En las mimbreras que bordeaban la orilla vio una golondrina posada. Al cabo de un rato llegó otra, y luego otra más; y los pájaros, dando saltitos inquietos en su rama, se pusieron a hablar animadamente en voz baja.
—¿Cómo, ya? —dijo el Ratón, acercándose a ellos—. ¿Por qué tanta prisa? Me parece sencillamente ridÃculo.
—Oh, todavÃa no nos vamos, si te refieres a eso —contestó la primera golondrina—. Sólo estamos haciendo planes y organizando las cosas. Hablando un poco de todo, ya sabes: de la ruta que vamos a seguir este año, de dónde nos vamos a parar y demás. ¡Casi es lo más divertido!