El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Mi último viaje —empezó el Ratón de Mar—, que acabó trayéndome a este paÃs con mis esperanzas puestas en esa granja de tierra adentro, bien puede servir de ejemplo de tales andanzas, y también como resumen de mi agitada vida. Empezó, como de costumbre, con problemas familiares. Ante la tormenta que se avecinaba en casa, me embarqué en un pequeño buque mercante que hacÃa el cabotaje entre Constantinopla, las islas griegas y el Levante, por mares clásicos donde en cada ola late un recuerdo imperecedero. ¡Fueron dÃas dorados y noches fragantes! De puerto en puerto todo el rato… con viejos amigos en todas partes… durmiendo durante las horas de calor en algún templo fresco o alguna cisterna en ruinas… ¡y luego fiestas y canciones al caer la noche, bajo las grandes estrellas que tachonan un cielo de terciopelo! Desde allà subimos costeando el Adriático, con sus playas bañadas en una atmósfera de ámbar, rosa y aguamarina; anclamos en amplias ensenadas, deambulamos por viejas ciudades señoriales, hasta que una mañana, mientras el sol salÃa majestuosamente a nuestra espalda, entramos en Venecia por un sendero de oro. ¡Oh, Venecia es una hermosa ciudad, donde un ratón puede pasear a sus anchas y pasárselo en grande! O bien, cansado de pasear, sentarse de noche en la orilla del Gran Canal a divertirse con los amigos, cuando el aire está lleno de música y el cielo de estrellas, y las luces brillan y centellean en las proas de acero pulido de las góndolas que se balancean en el agua, ¡y hay tantas que podrÃas cruzar el canal saltando de una a otra! Y luego está la comida… ¿te gusta el marisco? Bueno, bueno, mejor no hablar de eso ahora.